lunes 20 de octubre de 2014 | 06:17:07

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Rogelio Vizcaíno Álvarez/ La Cámara de Diputados y las bibliotecas digitales en México

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Rogelio Vizcaíno Álvarez.- La salida del panismo del poder ha sido un respiro liberador. El solo hecho de no estar obligados a escuchar a diario el pregón militarista se goza y se agradece.

Aunque los problemas de fondo siguen ahí, el ánimo ha cambiado y la expectativa de vivir y participar en la recuperación es palpable en casi todos los ámbitos sociales.

Asistimos a un cambio de perspectiva que puede expresarse así: dejamos de mirar hacia el pasado, para buscar en el presente y el futuro; abandonamos la queja por el proyecto, la derrota desmovilizadora por la urgencia y la acción.
El ánimo de los mexicanos se ha recuperado sustantivamente y las propuestas para el cambio se multiplican en casi todos los terrenos de la vida pública.

Para quienes en los pasados doce años el retroceso en la educación y la cultura fue motivo de indignación y sufrimiento, hoy todo es urgencia. Queremos los cambios ya, a fondo. Ansiamos que se corrija  todo lo que se estancó, lo que fue bloqueado o destruido.

Con esa urgencia personal propongo a los lectores compartir uno de los grandes cambios que urgen hoy: La construcción de un nuevo sistema de bibliotecas públicas de alcance nacional sustentado en los formatos digitales.
Debemos superar ya el viejo y mediocre paradigma de la biblioteca como almacén de impresos. Los libros deben ser muchos, nuevos, veloces en su disponibilidad, flexibles, baratos y deben llegar hasta las comunidades más alejadas mediante conectividad digital.

Nuestro sistema de bibliotecas y la industria cultural y editorial que la alimentan son hoy todo lo contrario. Los libros que se ofrecen al posible lector son pocos, caros, viejos, rígidos y los puntos de préstamo y lectura miserables en número.

El acelerado avance de las tecnologías para digitalizar hace posible un salto que transforme radicalmente toda la configuración de la oferta de lectura, de la difusión de la cultura, el arte y los materiales educativos.

Se trata por supuesto de un nuevo paradigma, que al democratizar materiales y contenidos relevantes de la información y el conocimiento, jala desde el consumidor final a la industria que ahora no tiene incentivos para cambiar.
¿Qué se requiere para la completa digitalización?

El esquema que hoy es posible tiene como eje rector al Congreso de la Unión. Ese poder del Estado Mexicano debe hacer tres cosas para desencadenar el cambio digitalizador:

1.- Debe cambiar la regulación legal que rige el uso de los materiales digitales  y  generar una nueva norma específica del uso por parte del Estado Mexicano de los materiales destinados a la educación, la difusión de la cultura, la protección de la salud, la capacitación para el trabajo,  y  la formación cívica y ciudadana.
El día de hoy la regulación es vieja, incompleta, anclada en el pasado del paradigma de los materiales impresos.

La nueva legislación deberá favorecer el libre y generalizado acceso a los bienes culturales que por su antigüedad no pagan derechos.

También deberá establecer un mecanismo legal nuevo para los materiales que si pagan derechos de autor y de propiedad, que estimule su circulación masiva, garantice recuperar inversiones,  pago de los derechos de autor, y una utilidad razonable para la industria.

Hoy la industria privada del libro está obligada a entregar un determinado número de ejemplares de sus ediciones a la Biblioteca del Congreso, y la unidad de medida es una herencia de la época en que una gran edición alcanzaba tres mil ejemplares.

Se necesitan nuevas leyes para regular la entrega obligada, el uso por convenio, el manejo de materiales producto de donación, el uso medido, o cualquier otra nueva forma de uso que la ley establezca.

2.- Como sucede en los países avanzados, se debe erigir la gran Biblioteca Digital del Congreso, que sea el punto de confluencia de todas las bibliotecas y sus acervos.

Esa Biblioteca deberá estar en capacidad de alimentar en contenidos básicos a la red de bibliotecas públicas equipadas digitalmente en todo el territorio nacional.

Sería responsabilidad de la Biblioteca del Congreso (BCU), por ejemplo, contribuir a reunir el acervo digitalizado de todos los textos y materiales que no están sujetos a pago de derechos de autor y de propiedad,  y que deben estar accesibles en cada biblioteca pública.

Mediante convenios, concertaciones, pagos por edición especial, intercambio, publicación propia o administración de donaciones, La BCU  reuniría los textos básicos de historia, arte, literatura, leyes, etc. y entregaría a los administradores de las bibliotecas paquetes digitales que requieren un equipo mínimo para almacenarse y operar el préstamo.

Permítame el lector las siguientes imágenes: En la biblioteca más humilde de Oaxaca, se podrá leer las memorias de Benito Juárez de forma gratuita. En la sierra de Puebla podremos encontrar lo mejor de la novela mexicana de los siglos XIX y XX. Hoy el acervo no existe, y no se puede leer libremente.

3.- Un Nuevo sistema Nacional de Bibliotecas Públicas es posible y necesario. Se requiere reconvertir las actuales bibliotecas públicas al manejo digital, abrir miles de nuevas salas de lectura y préstamo, centros de conexión inalámbrica alimentados por bibliotecarios de la nueva generación.

Hoy no disponemos en nuestras bibliotecas públicas, de ejemplares suficientes de los textos gratuitos de educación primaria; cuando deberíamos ofrecer todos los textos de secundaria y preparatoria, los mapas, los videos, los materiales de audio y los cursos, libros y materiales de capacitación para el trabajo, de educación cívica, de protección y cuidado de la salud  y de difusión y consulta de las leyes mexicanas vigentes.

Sin un sistema distinto, ágil, actualizable y barato de bibliotecas no es exigible que en las colonias populares, los ejidos y los pueblos se acceda a los materiales de lucha contra toda forma de discriminación, a los que fomentan la equidad de género, el conocimiento de los derechos humanos, civiles y políticos y  su vigencia.

Hoy que para recuperar la paz y disminuir crecientemente la violencia se necesita organizar y difundir las medidas que permitan detener los abusos fiscos contra las mujeres y los niños, es necesario difundir las leyes penales, para que la ciudadanía conozca los delitos y sus castigos.

En suma: Estamos ante la gran oportunidad de transitar de un sistema de bibliotecas viejo e ineficiente, caro y pobre en contenidos, a un nuevo paradigma que se multiplique en cascada y que permita que la obra de los grandes pensadores, la ciencia, la literatura y el arte estén disponibles en los teléfonos inteligentes, los lectores de libros electrónicos, las tabletas y las computadoras de la red pública.

Hoy no es un sueño imposible esperar que todos los códices sean patrimonio público, que los ejemplares únicos  de las bibliotecas oficiales sean compartidos en copias de facsímil digital, que los incunables del fondo reservado de la UNAM se suban a la red, y sean de todos.

Vasconcelos es símbolo de la voluntad de cambio por distribuir gratuitamente una biblioteca mínima, más simbólica que verdaderamente educativa. El cambio posible con la digitalización es millones de veces más vasto, plural, y significativo. Es el comienzo de otra forma de vivir la cultura.

No basta con el alivio que nos brinda el panismo que se aleja, se exige un salto gigantesco para acabar con la desigualdad en la circulación de los bienes culturales.

La palabra es: Digitalizar

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