martes 18 de junio de 2013 | 11:15:48

Leopoldo Mendívil/El oro de Londres/Crónica Confidencial

polo

LUIS FERNADO TENA,

HACEDOR DE MILAGROS:

+Para triunfar es necesario, más

que nada, tener sentido común

Napoleón

Leopoldo Mendívil.- Por delante quiero agradecerle la oportunidad que me dio de escribir estas líneas

hinchado por una alegría que hace mucho tiempo no me motivaba a la hora de sentarme frente al teclado. Por eso quise titular esta entrega como “El oro de Londres”.

Esto, naturalmente, refrendó mi condición de mexicano común. Ni modo, así solemos vivir los mexicanos, a golpe de emoción. Pero esta vez quisiera intentar ir más allá del sentimiento primario y por eso me quedo, del epígrafe que usé para estas líneas, con lo del sentido común.

Estoy muy alegre por el triunfo al que usted supo conducir a ese grupo de muchachos mexicanos que son  física,  mental y vocacionalmente aptos para jugar futbol, pero a los que el sentido común de usted supo escoger, entender, preparar, desarrollar lo que cada uno ya poseía, y luego logró, como nadie antes en México, fusionar y hacerles entender que hay actividades en las que sólo es posible triunfar si cada quien acepta el valor de la suma para lograr el estado de grupo:

Para integrar un equipo.

Me maravillaron muchas escenas del juego del sábado, allá en el estadio de Wembley, que no pude sino comparar con la máquina de un reloj del que sólo vemos las manecillas caminar con perfección cronométrica, pero entendemos la exactitud de su trabajo si abrimos la caja y miramos la perfecta operación de los engranes. Pequeñas, medianas y mayores, esas piezas metálicas operan con la precisión para la que fueron diseñadas por sus inventores y construidas por sus realizadores. Hablamos, pues, de dos equipos: el humano que concibió la elaboración de esas pequeñas máquinas, y el mecánico de las piezas circulares de metal que hicieron posible al hombre común la medición del tiempo.

Voy, pues, a las dos escenas que más impactaron a todos, en el estadio de Wembley, y a los que las presenciamos a través de la televisión:

La primera ocurrió apenas al medio minuto del silbatazo del árbitro; una jugada larga en la que Marco Fabián le quitó el balón al brasileño Rafael y lo  hizo volar una considerable distancia para caer en el césped a escasos metros de los botines de  Oribe Peralta, quien burló en décimas de segundo a los defensas y lo disparó para propinarle al portero contrario, Gabriel, su primera derrota.

La segunda sucedió al minuto 75 del encuentro, cuando nuevamente el engrane humano Marco Fabián cobró un tiro libre desde la esquina izquierda que cruzó el espacio con una puntería tal que, oootra vez, el engrane humano Oribe Peralta apenas avanzó algunos trancos para saltar, encontrar con la frente el proyectil y torcer su trayectoria hacia el espacio de la portería donde, por segunda y letal ocasión, lo único que Gabriel pudo hacer fue ver pasar la derrota definitiva hasta chocar con el encordado.

Soy, Luis Fernando, víctima de la rutina a que me obliga el trabajo desde que Manuel Buendía me condenó cuando me dijo, hace.., cuatro décadas:

“Si de verdad quieres ser columnista, acepta de una vez que vivirás pensando en lo que te pueda servir cualquier ruido que escuches, cualquier cosa que mires, cualquier charla en que participes, cualquier papel que leas.., para escribir tu columna.”

Mirando el partido y trasladando lo que veía a los paredones de incapacidad que han encarcelado secularmente a esa obsesión llamada México, pensé si pudiera ocurrir que en algún futuro próximo o lejano, alguien o algo nos delineara la idea de buscar e intentar grandes metas, de crearnos objetivos trascendentes para los que invirtiéramos las capacidades que sin duda tenemos, pero estamos culturalmente programados para no desarrollar como sociedad, como Nación, en cosas que valen la pena.

En el mundo del futbol, México realizó el sábado una hazaña nunca antes lograda porque pudo haber otros con mayor experiencia pero ayunos del sentido común que Napoleón aplicó para triunfar en la guerra y usted, en los últimos años, utilizó para integrar el equipo que finalmente alcanzó el triunfó olímpico, un grupo entrenado para dar al país un día de gloria como el del sábado…

… ¡Y moraleja!:

Lo que nos ha faltado en cualquier actividad son entrenadores buenos, líderes capaces de imbuir en los mexicanos la idea del cambio y la necesidad del triunfo en todo lo que hoy hacemos mal, para hacerlo bien.

Casi cada vez que las cámaras le enfocaron durante el encuentro, me preocupó el semblante de angustia en su rostro, en sus cejas sobre todo… Seguramente le aterraba la idea de perder, pero usted había hecho ya lo necesario para que eso no sucediera.

Con todo y su angustia, usted corporizó la imagen de liderazgo que le urge a México.

Ahora, necesitamos que esa imagen trascienda y se multiplique.

Gracias, pues, por la alegría, pero también por la imagen de liderazgo triunfador, el oro de Londres que nos regaló a todos los mexicanos…

lmendivil@delfos.com.mx, m760531@hotmail.com

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