+Que no sea recordado como GDO, sólo por los muertos
J. Antonio Aspiros V. / Antiguo periodista del viejo Excélsior y editor de larga data, Octavio Colmenares Vargas regresa por sus fueros con la pluma -bueno, ahora con la computadora- a través del libro El pueblo no me ama… ¿Qué le habré hecho?…, publicado a finales de 2011 por la editorial que lleva su nombre, cuando faltaban 12 meses para el cambio de poderes federales en México.
El autor llama a su obra de 106 páginas “un divertimento” en torno a las razones por las cuáles, según él, la gente no quiere a Felipe Calderón.
Es un ensayo de rápida lectura que incluye dos textos de su hijo Octavio Colmenares Brünsberg y dos de los periodistas Teresa Gurza (“inteligente e ingeniosa”) y Álvaro Cueva (criticando la promoción turística Mexico: the royal tour), y en donde el autor pasa revista a las promesas no cumplidas por el mandatario y cuestiona su estrategia para combatir al narcotráfico.
Advierte que su libro no tiene el “ánimo de molestar” al “señor Presidente”, sino el de dedicárselo “con todo respeto”. ¿Qué le pasa a nuestro presidente -se pregunta tras citar un caso empírico- que no logra entusiasmar a su pueblo? Acusa de ello al propio gobernante y también a sus operadores políticos; en lugar de consejeros, asegura Colmenares, tiene “aduladores profesionales”.
Sin muchas complicaciones eruditas, pero con gran percepción del sentir de mucha gente, sostiene que FCH “se vendió” a Estados Unidos y le hace a ese país “el trabajo sucio”, y esa es otra razón de la “malquerencia”, pero también el no haber reprimido a “los sinvergüenzas” del Sindicato Mexicano de Electricistas y no haber combatido a “otras mafias” (universidades patito, laboratorios, maestros, banqueros, aseguradoras y la propia “mafia del poder”) además de a los criminales, a quienes considera menos peligrosos que “los hombres de negocios VIP”.
Con citas de Maquiavelo le recuerda al presidente que el buen gobernante debe ser amado o temido y en esa disyuntiva lo considera un “personaje autoritario” a quien, además, su secretario de Seguridad Pública no le informó a tiempo el tamaño del enemigo al que se iba a enfrentar cuando emprendió la guerra contra el narcotráfico.
En las postrimerías del texto repite la pregunta que da título a la obra y que en realidad es formulada por el escritor, y como respuesta ofrece una lista de diez “perlas michoacanas” que incluyen acciones u omisiones del jefe del Ejecutivo, así como dispendios e incumplimientos, para rematar con la pregunta “¿y los meros meros, cuándo?”.
Cierra este “simple ensayo periodístico del que podrán tomar nota futuros gobernantes”, con la reproducción de una entrevista tal vez inventada -así lo aclara- a un tal capo Marcola por parte de la televisora brasileña O’Globo, en la cual el doctor Colmenares Brünsberg -hijo del autor- encuentra coincidencias con el caso mexicano y le dice al presidente que “no es difícil” recuperar el reconocimiento y consideración del pueblo mediante un “trabajo justo y de respeto”, con humildad y sin actitudes viscerales, con políticas fiscales en contra de las mafias, así como con sus colaboradores actuando como “servidores públicos” y no como “una casta de tecnócratas”.
“Aún es tiempo”, le advierte Colmenares Brünsberg, para que la Historia no lo recuerde como a Gustavo Díaz Ordaz: sólo por los muertos.





