Abelardo Martín M./ Quadratín México/ No deja de sorprender que muchos cuentos y novelas por inverosímiles que parezcan se convierten en un apenas tenue reflejo de la realidad.
El escritor colombiano Gabriel García Márquez, mereció el Premio Nobel de Literatura por su amplia obra literaria en la que el llamado “realismo mágico” es un reflejo fiel de la realidad de muchos pueblos, villas o países latinoamericanos. Por ejemplo, cómo no recordar –en la coyuntura actual mexicana– la narración de esa sencilla mujer que despierta con la premonición de que “algo malo” sobrevendría en las próximas horas y, en efecto, 24 horas después el tumulto humano abandonaba el lugar ante la inminencia de la catástrofe.
Ahora, por segunda ocasión el candidato perdedor a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, ha logrado poner en vilo la credibilidad de la elección federal con pequeñas pero muy eficaces dosis de acusaciones que pretenden echar abajo (o por lo menos subir el costo de la negociación) a la presidencia de Enrique Peña Nieto.
Una gran mayoría de los priistas desprecian y desacreditan las denuncias y acusaciones lopezobradoristas, perredistas y panistas, pero el efecto del descrédito y la creencia del “cochinero” electoral aumenta.
Andrés Manuel López Obrador tiene ya logrado que los medios (neutros, enemigos y amigos) estén a su disposición. Son abrumadoras las críticas al perredista, pero ninguno deja de mantenerse atónico ante su magnetismo. La mayoría de los medios impresos lo critican y lo mantienen en el punto más alto de su exposición mediática.
Entre priistas, existe la creencia de que una vez declarado presidente electo Peña Nieto, López Obrador, su movimiento, así como su partido y simpatizantes desaparecerán de la escena política como un milagro.
Sin embargo, la realidad es otra.
Un ejemplo de esta paradoja es que el líder social, Alejandro Martí, presidente del movimiento ciudadano México SOS, dijo que la actual crisis postelectoral es “una pérdida de tiempo para México”, pues las discusiones en referencia a la impugnación de la elección, son inocuas, porque –con firmeza aclaró–”nos guste o no nos guste, ya tenemos un candidato” ganador, por lo que pidió mejor enfocarse en sacar adelante reformas, como la penal. “Es preocupante lo que estamos viviendo, ojalá se termine pronto”, aunque él mismo está atrapado en lo que califica “pérdida de tiempo”.
En efecto, con argumentos de peso o sin ellos, con o sin sustento legal, pérdida de tiempo o no, los espacios de la política están abstraídos y atónitos en las acciones y la estrategia lopezobradorista. Unos se dan por sorprendidos de su audacia, otros lo tildan de necio, obtuso y hasta loco o desquiciado, pero él y su movimiento logran, hora tras hora y día tras día, mantenerse en los horarios estelares de los programas noticiosos y en las primeras páginas de todos los diarios.
Él, como la protagonista del cuento de García Márquez, sólo da la voz de alarma de que “algo malo va a pasar”. Unos le creen, otros no, pero todos los actores políticos están muy atentos, no vaya a ser que, en efecto, algo malo pase. En el cuento, todo el pueblo abandona el lugar. En la realidad es cierto e impredecible. Lo que sí es cierto es que puede apostarse que, aún con la declaratoria de presidente electo a favor de Peña Nieto, López Obrador no se quedará ni conforme, ni callado, ni quieto, aunque muchos priistas así lo aseguren.





